La Modernidad Árabe 

dimecres, 23 / març / 2011 19:29:13
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"Europa se ha construido desde y contra el Mediterráneo"

El mar Mediterráneo vuelve a vivir momentos de crisis, pero de crisis positiva. La rebelión árabe, que triunfa estos días, es una apuesta por los valores de la sociedad abierta: la modernidad. Y es que la modernidad no es propiedad privada de occidente; la occidentalización del mundo fue otra cosa (occidente y su duplicidad). Como la Humanidad, la modernidad es mestiza.

El Mediterráneo, gran mar de la paz, fue el gran sueño de Aristóteles y también es el nuestro. El Mediterráneo es, en sí mismo, teatro del mundo: mar de la paz con la Grecia arcaica y clásica, la Roma de principios de nuestra era, los árabes en la Edad Media, la España del Renacimiento. Y, entre ciclo y ciclo, las guerras de Salamina, Actium, Lepanto y Malta. Mar de la paz y mar de la guerra. Europa se ha construido desde y contra el Mediterráneo.

Y en todo este proceso, las migraciones. Centenares de miles de hombres y mujeres que han cruzado el mar. Entre 1830 y 1950, desde Europa llegaron al Magreb 700.000 personas. Y entre 1920 y 1940 más de 400.000 europeos se instalaron en Palestina. Muchos de ellos fundaron el Estado de Israel.

En los dos últimos siglos se ha producido el mayor flujo de personas, a través del Mediterráneo, nunca registrado en la historia y esto ha provocado contactos culturales y étnicos; trasvases ideológicos, culturales y religiosos y el nacimiento de nuevas mentalidades. Todo ello ha ido modificando de forma notable el paisaje humano del mundo Mediterráneo. El resultado, una impureza racial muy particular y unos valores muy compartidos entre amplias mayorías.

Para asumir la voluntad del actual cambio en marcha, el Mediterràneo aún tendrá que superar obstáculos de profundas raíces: la oposición histórica entre el mundo cristiano y el musulmán, que se remonta al siglo VII, pero que muchos quieren azuzar; la situación particular del Estado hebreo y su antagonismo con los países dárabes que lo rodean; el desequilibrio económico entre el mundo industrial, próspero al norte, y el mundo en vías de desarrollo, relativamente pobre al sur; y, finalmente, el factor demográfico, con crecimiento incontrolado a un lado y estancamiento con recesión de la natalidad al otro.

Los países europeos no pueden ser ajenos a este fenómeno y mirar hacia otro lado. Europa no puede abandonar al Mediterráneo a su suerte. No es sólo un tema local. La responsabilidad de afrontar esta situación también afecta a los países de la Unión europea y a Naciones Unidas.

Los países europeos tienen que hacer una apuesta política decidida, porque es también “su” problema, y la democratización, que exigen los árabes en lucha, es también “su” solución.

Crear un espacio, en el cual representantes del mundo social, económico, cultural y académico de todos los países del Mediterráneo establezcan el inicio de un diálogo para potenciar los valores de una modernidad mestiza. El papel activo, para afianzarla y desarrollarla, de los ciudadanos y movimientos sociales, ya fue un objetivo cuando se organizó, el año 2004 en Barcelona, el Forum de las Culturas, pero la propuesta se desestimó por los organizadores. Habrá que volver a intentarlo por otros caminos: la sociedad activa no puede permanecer ajena.

 

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